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Renovar es hacer emerger posibilidadesaún no realizadas

Apunte 01

Una fe todavía por descubrir

En el año 1988, diez después de su elección, escribió una carta al Director del Observatorio Astronómico Vaticano (1988), que en ese momento era el jesuita George Coyne, en la que encontramos la perla. Compensa transcribirla entera: “Ahora bien, éste es un punto de delicada importancia, y hay que matizarlo cuidadosamente. La teología no debe incorporar indiferentemente cada nueva teoría filosófica o científica. Sin embargo, a medida que estos descubrimientos pasan a formar parte de la cultura intelectual de la época, los teólogos deben comprenderlos y comprobar su valor para hacer emerger de la creencia cristiana algunas de las posibilidades que aún no se han realizado. El hilomorfismo de la filosofía natural aristotélica, por ejemplo, fue adoptado por los teólogos medievales para ayudarles a explorar la naturaleza de los sacramentos y la unión hipostática. Esto no significa que la Iglesia juzgara la verdad o falsedad de la visión aristotélica, ya que no es asunto suyo. Significaba que se trataba de una de las ricas intuiciones ofrecidas por la cultura griega, que debía ser comprendida y tomada en serio y comprobada por su valor para iluminar diversas áreas de la teología.  La teología no debe incorporar indiferentemente cada nueva teoría filosófica o científica. Sin embargo, a medida que estos descubrimientos pasan a formar parte de la cultura intelectual de la época, los teólogos deben comprenderlos y comprobar su valor para hacer emerger de la creencia cristiana algunas de las posibilidades que aún no se han realizado”. (Lee aquí la carta entera)

Apunte 02

Una fe todavía por descubrir

De esta definición podemos sacar tres insights importantes que dan para pensar.

1La renovación viene del diálogo con los nuevos lenguajes filosóficos, científicos y culturales. Aparece el ejemplo de cómo la filosofía aristotélica ayudó a comprender mejor las propias verdaderas reveladas, especialmente en cristología y en la explicación de la lógica sacramental.

2Debe dialogarse con discernimiento: no todo se asume, todo se examina para localizar lo bueno y verdadero. Como decía san Pablo: “examinadlo todo; quedaos con lo bueno” (1 Tes 5,21). No quiere decir que la Iglesia se meta a “científica”, ni mucho menos. Pero sí que discierne cuáles de las propuestas científicas le ayudan a comprender mejor lo propio.

3Lo más importante: la definición de renovación teológica. Consiste en hacer emerger de la creencia cristiana algunas de las posibilidades que aún no se han realizado. La Revelación, definitiva en Cristo, es infinita y tiene infinitas posibilidades que aún no hemos descubierto, ni realizado. Esto es apasionante. ¡Nos queda tanto por descubrir y vivir! Ahora bien, esa emergencia de potencialidades solo podrá tener lugar en el diálogo y discernimiento.